viernes, 21 de marzo de 2014

Crítica Byzantium | Gemma Arterton al desnudo


Neil Jordan siempre ha sido un cineasta interesante. Desde aquella preciosa obra llamada En compañía de Lobos donde lo onírico y lo juglar se daban la mano con la perfección estilística, hasta esa obra magna y atrevida de nombre Entrevista con el vampiro. Este irlandés ha estado ligado de manera natural al fantástico más alternativo y maduro. Ahora nos presenta Byzantium, su último acercamiento a la sangre, la belleza y la bestialidad.

Hoy mismo se estrena El gran hotel Budapest del cual hablaremos en breve, pero en la otra acera de esa misma calle donde brilla el palacio ideado por Wes Anderson, se encuentra un pequeño hotelito llamado Byzantium. Aquí Salirse Ronan y Gemma Artenton son la cara y la cruz de la dureza y la fragilidad; y del vicio y la virtud. Neil Jordan les prepara el escenario perfecto en este desvencijado hotel, para que lo gótico se mezcle con lo romántico y la bestialidad con la belleza una vez más.

Clara (Gemma Arterton) y Eleanor (Saoirse Ronan) son dos vampiras destinadas a vivir eternamente. Ahora, dos siglos después de su tiempo natural, deben integrarse en la sociedad actual, la de los móviles y la crisis bancaria.



Basada en la obra de teatro de la escritora y actriz Moira Buffini, Byzantum muestra desde su inicio su espíritu dual, donde la confrontación de ideas parte como hilo narrativo y donde los opuestos se convierten en el decorado argumental del relato.
Byzantium reposa sobre la melancolía efectista de su apartado técnico. Como es habitual en Jordan la imagen suele apoderarse de la pluma, y la belleza plástica de la narrativa, la catarata de sangre cuando los personajes se convierten en vampiros, la poderosa fotografía de Sean Bobbitt, los elegantes trackings de cámara siguiendo a los protagonistas o la omnipresente banda sonora del español Javier Navarrete, son los pilares que salvan esta obra de un posible anonimato. Por supuesto no podemos negar que la presencia de la carnal Gemma Arterton, también ayuda en muchos momentos a que el espectador se sienta fascinado por lo que ocurre en pantalla.



La guionista crea una mitología muy cercana a las primeras obras de Anne Rice, como demuestra por ejemplo el dibujo del personaje de esa niña eterna que es Eleanor, la cual posee muchas similitudes con la Claudia que interpretara Kirsten Dunst en el filme de 1994. En Byzantium conviven con fluidez dos historias paralelas donde los flasbacks resultan cruciales para conocer el pasado de las protagonistas y enriquecer el relato con personaje y acciones secundarias que...

Continúa la crítica AQUÍ (Cinematte)



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