viernes, 11 de noviembre de 2016

Relatos eróticos by Lucen Pop | El largo pasillo


Todo era rojo, luces parpadeantes, neones y un extraño ambiente a placer. Una música de fondo te empujaba hacia el interior, hacia un mundo oculto donde el peligro a lo desconocido se transformaba en tensión sexual, donde el miedo giraba a excitación y donde la vergüenza era el perfecto aliciente para seguir andando por ese enorme pasillo lleno de habitaciones.

Al final, una luz roja como no, indicaba la puerta de mi destino. En su interior, las luces titileantes de las lamparillas que colocadas en el suelo, en las estanterías y brillantes como los ojos de los gatos en la oscuridad, dibujaban luces y sombras en un cuerpo. Un cuerpo donde los senos parecían absorber la poca luz del lugar.
Un clic encendió una pequeña lámpara de luz tenue, suficiente para darme cuenta del moreno de tu piel, una piel que enmarcaba una carne dura, con músculos marcados, como si practicasen algún deporte, aunque nunca se hubieran rebajado a tal. Eras carnalidad, placer y desahogo, por eso acudí a buscarte a aquella casa antigua, de techos propios de un cuento de hadas. De hadas del sexo y la prostitución.

Sabía de tu existencia, de tu lugar, pero nunca había podido entrar. Ahora sabía que era el momento. El tic tac había llegado a la trágica cifra de los 40 y no había vuelta atrás. No hubo regalos, no hubo felicitaciones, no hubo nada excepto la decisión de buscarte, de verte como siempre había querido verte, libre de esos preciosos y precisos tejidos que te convertían en la criatura más bella del mundo.
Ahora estaba frente a tí, como siempre había querido verte, no había tela que tapase lo que anhelaba, no había calle que nos separase, no había pasillo ni pupitres, no había mundo que frenase mi contacto hacia a ti. 
Estabas ahí, dentro, con tus senos como dos cúpulas, o más bien como dos medios pomelos de areolas de un rosado oscuro, tan sensibles. Tus muslos eran poderosos, tanto,  que demandaban ser azotados con cariño.

Entonces sonó tu voz y no pienso reproducir aquellas palabras, solo note el túnel del tiempo, note como el cabello recubría mis entradas, como mi estómago recobraba su lugar, el blanco dio paso al castaño habitual de mis patillas, la ilusión y la sorpresa devoró la nostalgia permanente, sonó aquel vinilo que tanta veces escuche y de repente estabas allí, en el patio frente a mi, con las mismas poderosas piernas de siempre y con el mismo y precioso color oscuro de piel. Saltabas aquella comba mientras las coletas eran por entonces, lo único de tu cuerpo que absorbían la poca luz de aquel lugar. 
Las paredes blancas de un largo pasillo lleno de aulas nos devolvió a aquella clase iluminada donde tu ocupabas la segunda fila y yo la cuarta.

Ahora ya no había tercera fila, solo tu, yo y 35 años de miedo a decirte te quiero, un miedo que volvió a apoderarse de mi. 

Y salí, salí de la sala, salí del rojo pasillo y regresé al hall, un hall lleno de prostitutas que daba acceso a la puerta de salida. Como aquella reja verde que nos separa todos los días a las cinco de la tarde.

Relato escrito por Lucen Pop para Cinematte Passionatte 

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