ObliviON | El legado de TrON | Crítica | Naturaleza muerta | Andrea Riseborough




Tron legacy jugaba de una forma magistral con los dualismos visuales, la idea de realidad y virtualidad se presentaba a base de planos duales y de contraste de blanco y negro, ahora su director Joseph Kosinski vuelve a presentar un film apoyado visualmente en dos ideas, lo tecnológico y lo natural.


NATURALEZA MUERTA

Usando como título una de las habituales variantes pictóricas del bodegón, se puede resumir a la perfección la temática de Oblivión, en la cual se nos muestra una tierra devastada y muerta tras una guerra interplanetaria, en la cual el personaje de Tom Cruise es uno de los últimos guardianes que habitan la tierra antes de su abandono final.
Tras esta historia de ciencia ficción pura se nos muestra un film visualmente impactante y narrativamente muy interesante, eso sí, para aceptar Oblivion debemos olvidar la teórica apariencia de blockbuster y cinta de acción, ya que realmente estamos ante un film mucho más inteligente de lo habitual y con un estilo mucho más clásico y pausado, lo que nos deja como resultado final una de las mejores películas de género de los últimos años.




Volviendo al dualismo de ideas, Kosinski conjuga en pantalla una estética appleiana basada en la tecnología, el color y la limpieza visual típica de los productos de la manzana, con otra totalmente opuesta basada  en la destrucción, la suciedad y el desasosiego que produce el planeta tierra quemado y devastado.
Esta dualidad visual acompaña la dualidad de ideas que propone el film y que preferimos no desvelar.

A nivel de estrellas el film se apoya principalmente en Tom Cruise, pero como ya es costumbre en nuestras páginas nosotros nos centraremos en las dos féminas protagonistas, que son, por un lado Andrea Riseborough quien nos deja un personaje más que interesante y por otro Olga Kurylenko, quien esta vez no corre la misma suerte y acierto que en el trabajo de Malick, ya que su actuación parece demasiado anodina y esteril, pero que aún así consigue mantenerse a flote gracias a su hierático rostro, poco expresivo, pero cumplidor al fin y al cabo.
Así que ya sabéis, gran trabajo de Joseph Kosinski, que tras Tron legacy y Oblivion se postula como uno de los directores jóvenes de género, más interesantes de la actualidad.

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